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Tiene 86 años y restauró una antigua cosechadora Vassalli

por Redacción Región 360
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Para muchos los fierros son sólo eso, fierros. Pero para la gente de campo los fierros son los compañeros y protagonistas de muchas historias.

Esta es la historia de Ramón Angeloni, un teodelinense de 86 años fanático de los fierros que este año cumplió el sueño de restaurar por completo una cosechadora Vassalli Ideal. La alegría fue tal que para festejar paseó a sus cuatro nietas por las calles de Teodelina el Día del Arte Criollo; un evento al que llegan a asistir cada año hasta 20.000 personas.

La historia de Angeloni en la localidad comenzó cuando con 36 años llegó por trabajo, con la idea de quedarse un tiempo corto; estadía que se prolongó hasta estos días y que le sirvió para formar su familia y crear su propia empresa.

“La luché mucho en mi vida”, expresa al medio Pueblo Regional, haciendo referencia a sus primeros trabajos en el campo, cuando su primera máquina de arrastre era tirada por caballos.

Ramón siempre fue fan de la marca Vassalli, y con el correr del tiempo, en 2011 específicamente, tuvo la oportunidad de comprarse una para poder restaurarla. Si bien tenía el anhelo de ponerla en funcionamiento enseguida y cosechar algunas hectáreas, la máquina pasó mucho tiempo tirada. Como muchos proyectos que aguardan el momento justo de impulso para resurgir como el Ave Fénix de entre las cenizas.

“Por muchos años estuvo tirada, mis nietas jugaban arriba, la habían llenado de ladrillos”, recuerda riendo Ramón. Sin embargo, tozudo y paciente, un día empezó a trabajar en su sueño y logró restaurar en su totalidad la máquina modelo 1955. A la que pone en marcha todas las semanas y guarda bajo techo como parte del mantenimiento y preservación de la misma.

Según cuenta Ramón, fue un verdadero desafío conseguir las piezas recorriendo campos, desarmaderos y talleres; como así también quitar aquellas reformas que se le habían realizado sus antiguos dueños para dejarla en estado original. A excepción de las balizas, como elemento de seguridad.

Al verla, Ramón rememora. “Te voy a contar una anécdota. Un fin de año viajamos al sur para trabajar en la cosecha, pero mis empleados se quisieron volver para pasar Navidad con sus familias. Quedé solo con mi mujer, mi hija de 3 años y mi hijo Marcelo de 8. Llegó un cliente para contratarnos y yo no sabía cómo hacer para tomar este trabajo porque estaba solo. Entonces, decidí que lo íbamos a hacer en familia. Esa fue la primera vez que mi hijo trabajó conmigo en el campo”.

La historia de Ramón muestra que los fierros pueden ser eternos si son restaurados, pero también pueden ser blandos y permeables a emociones, más cuando se los guarda en el corazón; como símbolo de todo lo que se hizo y amó a lo largo de una vida.

Fuente y fotos: Pueblo Regional/Giuliana Ghignone

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