


Durante el atardecer del día domingo, se llevó a cabo un homenaje de bienvenida a los bomberos firmatenses Hugo Jaime (58) y Sebastián Mercado (20), quienes estuvieron prestando servicio para la Federación Santafesina de Brigadistas, en el Parque Nacional Lanín, en Junín de los Andes (Neuquén), con motivo de los incendios desatados en el sur argentino.
Previo al reconocimiento, que consistió en recorrer las calles de la ciudad con tres autobombas escoltadas por autos y motos particulares, los brigadistas dialogaron con Región360 Noticias.
«Para uno, que siente pasión por esto es lo mejor que te puede pasar, que te llamen, que te convoquen. Porque nos gusta ayudar a la comunidad y nos gusta nuestro trabajo. Tengo 58 años, a los 60 no de convocan más de la Brigada Santafesina, por una cuestión de protocolo y seguridad. Por eso no quería dejar pasar esta oportunidad», dijo Hugo Jaime, quien es oriundo de Miguel Torres pero integrante del cuerpo de Bomberos de Firmat.
Por su parte, Sebastián Mercado, de tan solo 20 años, expreso que «uno piensa que como es Bombero está preparado para resistir estas cosas, pero la verdadera resistencia está en los familiares. A ellos debemos agradecer por entender esta forma de vida. Salimos cuando nos toca, así estemos en un cumpleaños o cualquier reunión familiar».
Los socorristas Jaime y Mercado estuvieron colaborando con la extinción de los incendios del sur desde el 7 de febrero, día en que los convocaron y notificaron que en menos de 12 horas tenían que estar preparados para viajar. «Ni bien llegamos ya nos pusimos a disposición, fue un viaje largo en el que uno no puede descansar, porque piensa en qué se encontrará y porque desgasta como cualquier viaje», dijo Jaime.
Consultado sobre cómo eran las rutinas de trabajo, los socorristas contaron que iniciaban a las 7 de la mañana y se extendían hasta las 22 horas. «Los voluntarios no tenemos horarios, nos llevábamos las viandas que nos daban y estábamos todo el día trabajando en distintas actividades. Ya sea enfriamiento o sofocando las llamas», relató el Jaime.
Por su parte, Mercado contó que el mayor desafío fue «el terreno, es una geografía completamente distinta. A los bomberos locales no les costaba, a nosotros nos tomaba más tiempo subir montañas y pendientes de mil metros».
Los brigadistas firmatenses, viajaron en un contingente de 40 santafesinos, entre los que había voluntarios de Melincué, Wheelwright, Venado Tuerto y Casilda.
«De noche cero grados, mucho frío y de día el fuego era terrible, se sentía. Además, es traicionero. Árboles verdes, que uno pensaría que no se queman enseguida tomaban fuego. Dos veces tuvimos que escapar porque cambia el viento o la dinámica de las llamas y quedas atrapado. Por eso siempre estábamos atentos al personal de seguridad que coordinaba los operativos. Ese es el motivo por el que no podes tener el teléfono con vos, para no distraerte. Es importante la seguridad.», recordó Jaime.
El panorama en el lugar era desolador, ya que las tareas que llevaron adelante los socorristas se centraron en un zona de Parque Nacional excluida al público. «Nosotros estábamos a 60 kilómetros de la civilización, que es la ciudad de Junín de los Andes y 5 kilómetros de Chile. En lugares en donde no van los civiles, una pena ver todo eso quemado, son árboles con cientos de años. El colchón de cenizas era de 20 a 30 centímetros, nosotros no tuvimos problemas, pero algunos compañeros corrían a sacarse los botines porque al hundirte te quemaba los pies», narro Jaime.
Los equipos de emergencia hacían noche en un campamento situado en una estancia, donde podían bañarse, comer y descansar. Sin embargo, «la bolsa de dormir y elementos de rancho, como jabón y shampoo tenés que llevarlo vos», dijeron.
Cabe mencionar que los brigadistas, están capacitados para estas contingencias. Sin embargo, al llegar a territorio, personal conocedor del manejo de incendios forestales de magnitud, imparte rápidas directivas sobre cómo proceder en las acciones para cortar fuego, seguridad en transporte en helicóptero y demás cuestiones que son parte de la diaria en esas situaciones.
Es para destacar la labor de la delegación santafesina, que ahora fue relevada por otra partida de 30 bomberos, quienes nunca se alejaron de la zona crítica. Situación que les valió el apodo de «Ángeles de las Cenizas». Mote que les dio un diario de Neuquén. Ya que los brigadistas no volvían a la ciudad, sino que hacían base en las cercanías de la catástrofe. «Nosotros estábamos a 60 kilómetros de la civilización, que es la ciudad de Junín de los Andes y 5 kilómetros de Chile», graficó Jaime.
La Nota de LM Neuquén (por Sofía Sandoval)
Los Ángeles de las Cenizas: los voluntarios de Santa Fe que luchan cada noche contra el incendio forestal de Neuquén
A los pies del volcán Lanín, en una estancia de gramilla reseca, las carpas azules de 40 brigadistas santafesinos se alinean de forma prolija bajo el sol agresivo de la tarde. Allí descansan ellos, Los Ángeles de las Cenizas, como se autodenonimaron en un grupo de WhatsApp. «Venimos de toda la provincia, del norte, del sur, no nos conocíamos de nada, nos conocimos acá», contó Fernanda.
El último domingo, y a partir de la situación crítica que se vivía en el incendio forestal del Valle Magdalena, dentro del Parque Nacional Lanín, los voluntarios recibieron una orden de jefatura y se organizaron a toda velocidad. Los que pudieron dejar atrás a sus familias y sus compromisos laborales, emprendieron el largo viaje hacia Neuquén.
«Llegamos a las 5 de la mañana y a las 8 ya estábamos trabajando», relató ella, que es docente pero tiene el corazón marcado por su compromiso con los cuarteles de bomberos. Y después de cinco noches de intenso trabajo, descansan cada tarde en unos catres metálicos, resguardados por las lonas de su carpas azules.
Los santafesinos se sorprendieron con las noches frías de la cordillera de Neuquén. Aunque extrañan la calidez de su tierra, saben que el calor es también una trampa mortal para los bosques de la zona, que se consumen con un incendio forestal que ya abarca más de 20 mil hectáreas en la frontera con Chile. Por eso, toleran esos grados bajo cero mientras piden por una lluvia que, por ahora, no vendrá.
«Es muy feo ver la desolación del paisaje, y nos frustra pensar que todo el trabajo que hacemos de prevención, de insistir para que no hagan fuego, no sirve de nada», se lamentó Fernanda. Y aunque les frustra ver cómo el fuego avanza, cada noche vigilan que el perímetro no se expanda, mientras el resto de los brigadistas descansa después de una intensa jornada dando batalla contra las llamas.
Después de recorrer cientos de kilómetros desde Santa Fe, en su primera jornada de actividad, afrontaron una situación crítica. Se internaron en un bosque espeso donde las llamas se ensañaban con árboles centenarios. «El fuego avanzaba a toda velocidad y nos estaba encerrando, así que nos tuvimos que evacuar», contó Fernando sobre el dolor de dejar a los árboles a merced de las llamas que van a destruirlos para siempre.
Para muchos santafesinos, este viaje es su primera visita a la Patagonia. Y verla así, en llamas, es una imagen que les duele. Pero incluso en medio de la desolación, encontraron gestos que renovaron su compromiso con la tarea que eligieron por pura vocación.
Después de muchas horas de viaje, en su paso por Cutral Co, una multitud salió a recibirlos con gratitud. «Nos decían qué bien los bomberos, ahí vienen, y nosotros filmábamos y a la vez llorábamos», expresó la brigadista. Y agregó: «Esa es la mayor satisfacción que nos llevamos, porque nosotros somos voluntarios, no nos pagan, pero nos llevamos la gratitud de la gente en el corazón».
Y así, en el campamento, tejieron lazos de hermandad de manera inmediata. «Nos achamigamos enseguida», dijo con su jerga norteña. Y agregó que los brigadistas nunca miran la procedencia de cada combatiente. «Sean de Villa La Angostura o de la China, nos apoyamos entre nosotros», relató.
Ante el avance acelerado del fuego, los brigadistas de Santa Fe, Jujuy, Buenos Aires, La Pampa o Córdoba se sumaron al combate. También trabajan los brigadistas neuquinos, los de Parques Nacionales y los bomberos de la Policía de Neuquén. Colaboran también los bomberos forestales voluntarios e integrantes de comunidades mapuches capacitados para la tarea. El número llega a los 350 combatientes.
Hoy, su trabajo es sostener la vigilia mientras todos duermen. Aguantan las bajas temperaturas, ese frío que despeja el humo por un rato pero que, muchas veces, puede ser el instante más crítico de un incendio forestal. En plena oscuridad, su alerta es fundamental para el resto de los combatientes, que llegan fatigados pero descansan tranquilos al saber que hay ángeles que los cuidan.






