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Hicieron un boquete y vaciaron el buffet: Aprendices de Casilda, una víctima más en la ola de robos a clubes del sur de Santa Fe

por Redacción Región 360
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La rotura del entramado social volvió a golpear fuertemente a una institución deportiva del sur de Santa Fe. En las últimas horas, delincuentes ingresaron al buffet del Club Aprendices Casildenses, ubicado en Villada al 2900 de esa ciudad. de acuerdo al medio Casilda Plus, los delincuentes rompieron una de las paredes para ingresar, vaciaron por completo las heladeras y los freezers, y huyeron del lugar llevándose toda la mercadería, las bebidas y dos garrafas.

El repudiable hecho, que además de pérdidas materiales dejó daños en la estructura del lugar, fue descubierto en la jornada de hoy, por lo que se estima que el ilícito fue perpetrado durante la noche previa.

Para ingresar a las instalaciones del buffet, los sujetos rompieron una de las paredes del recinto. Una vez en el interior, vaciaron por completo las heladeras y los freezers, sustrayendo una gran cantidad de mercadería, bebidas y alimentos.

Además de los productos consumibles, los malvivientes se apoderaron de dos garrafas antes de darse a la fuga sin dejar rastros.

Contexto regional: Una seguidilla de hechos que impacta en la comunidad

Los recientes hechos delictivos y de vandalismo registrados en lo que va del año en clubes del sur de Santa Fe y el norte bonaerense abren un interrogante sobre los límites y valores en la convivencia social. La seguidilla de episodios que afectaron a entidades de Villa Cañás, Casilda, Elortondo, Villada y Colón (norte de Buenos Aires) pone de manifiesto cómo para algunos se ha ido perdiendo el respeto hacia espacios que históricamente funcionaron como puntos de encuentro, contención y desarrollo de las comunidades locales.

Entre los casos reportados se encuentra el ocurrido durante la madrugada del pasado viernes en el Club Sportsman de Villa Cañás, donde dos personas ingresaron al buffet de fútbol y sustrajeron mercadería. Por su parte, en Casilda, las subcomisiones de Fútbol Infantil y Femenino de Huracán sufrieron destrozos y la sustracción de materiales deportivos, pelotas y alimentos destinados a la merienda diaria de los jóvenes que asisten al predio.

La problemática se extiende a otras localidades del corredor regional. En Elortondo, el Polideportivo «La Mariana» del Club Atlético sufrió en agosto daños en el sistema eléctrico, sanitarios y cerramientos perimetrales. En tanto, en Colón (Buenos Aires), el club Porteño registró la rotura de accesos y la pérdida de insumos adquiridos para eventos de recaudación, mientras que en Villada la investigación por la sustracción de elementos en el Club Racing derivó en la detención de los supuestos implicados por parte de las fuerzas de seguridad, en un operativo que se extendió hasta la provincia de Chaco.

Cuando el delito golpea un club de barrio, lo que duele no es solo la puerta rota o la mercadería que falta. Duele la ruptura de un acuerdo tácito, es el tejido social que se rompió. El club siempre fue un territorio sagrado: ese lugar donde conviven el esfuerzo voluntario, la rifa vendida entre vecinos y el deporte de los pibes.

Que hoy se vulneren estos espacios —también ha pasado en iglesias, escuelas y hasta salas de atención hospitalaria— habla de un deterioro profundo en la trama social, donde el sentido de lo colectivo empieza a perder terreno frente al individualismo. Cuidar a los clubes no es solo defender cuatro paredes o una cancha; es resguardar un refugio de pertenencia a una comunidad.

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