


Esos cúmulos de árboles, que conocemos como «taperas», no son sólo racimos de tupida vegetación que abraza vestigios de la vida que el campo argentino tuvo en el pasado. No deben verse como una postal triste de un tiempo que no va a volver, sino como una oportunidad de resguardo y supervivencia de la biodiversidad de esta tierras.
Región360 Noticias dialogó de manera directa con el Ingeniero Agrónomo Javier Tapella, un apasionado de estos temas, donde producción y naturaleza se unen y hasta acompañan.
Tapella señala que las taperas y arroyos son los grandes reservorios de biodiversidad de la pampa húmeda. Y que por la gran cantidad que hay, tienden a formar un corredor natural. Es ese el sitio donde se protege la flora y fauna autóctona, que otrora estaba en los espacios que no se destinaban a producir.
«Es tan importante mantener las taperas. No vale la pena, por ganar una hectárea más, o media, tirarlas abajo. Cuando la biodiversidad que alojan va a favorecer más que ese espacio que se podría ganar para cultivo», explicó el Ingeniero. Y sumó: «históricamente, el valor del desmonte era el equivalente al precio de una hectárea, es decir entre 16 y 20 mil dólares; haciendo un buen trabajo, es decir enterrando lo quitado. Sin embargo, después eso se hunde y genera una laguna o un sitio de anegamiento en el campo. Lo ideal no es desmontar la tapera, sino mantenerla a raya».
Taperas por Tapella
La diversidad en la taperas se da tanto en la flora como en la fauna. Respecto a esta última, Tapella enumeró las especies que se han encontrado en una misma tapera: «Comadrejas, peludos, lauchas, cuises, zorros, gatos montés, zorrinos, hurones y ratones. Todo eso en un mismo lugar. Yo creo que hay más zorros ahora que antes. Hace 30 años la tierra se rotaba, eso generaba mayor movimiento, con la siembra directa eso se terminó, los animales se quedan».

El Ingeniero Agrónomo Javier Tapella tiene su oficina en la ciudad de Firmat. Es reconocido por su trabajo profesional y trayectoria en medios de comunicación
Un punto importante donde la conservación de la biodiversidad y la agricultura se cruzan es la gran variedad de insectos que hacen un «control biológico» de plagas. Ya que en las taperas viven insectos benéficos, que atacan los que maltratan a los cultivos. «Por ejemplo, la mosca Trichopoda Giacomelli, coloca huevos en la cabeza o el tórax de chinches. Luego, esas larvas se introducen en el cuerpo de las chinches, a las que no matan pero reducen su prolificidad», explicó Tapella.
Dentro de los animales, los pájaros suman otro capítulo. «Ayudan a la biodiversidad en general porque trasladan semillas. En una misma tapera se han encontrado las especies de palomas, carpinteros, horneros, cotorras, golondrinas, calandrias, chimangos, milanos y tacuaritas», enumeró el especialista.
Suelos
En lo que respecta a las condiciones de suelo, es sorprendente el comparativo que se puede establecer entre las superficies destinadas a agricultura continua y aquellas que, «por lo menos, hace 120 años que nadie toca». Las taperas son casi «tierra virgen, es decir como era la tierra antes de la agricultura», sostuvo Tapella.
Su argumentación se respalda con datos que se obtuvieron mediante análisis de fertilidad. Donde se midieron 81 partes por millón de Nitratos en lote, mientras que en una zona de tapera 259,1 ppm. Lo mismo sucede con el Nitrógeno de nitratos, donde la medición arroja 18,3 en lote y 58,6 en monte. A su vez, el Fósforo, que es fundamental para la fertilidad, indica 20 partes por millón en lote y 206 ppm en la tapera. «Vemos que los datos se triplican en el suelo de las taperas, ese es el reservorio para la biodiversidad. En Carbono Orgánico se midió 1,58 en lote contra 3,53 en esos sitios», agregó Tapella.
El Ingeniero es un defensor de la producción y las especies propias del lugar. «Si querés que conviva la agricultura y la biodiversidad dejá la tapera, no la destruyas», reflexionó.

Las taperas, una gran oportunidad para la biodiversidad
El origen
Para resumir cientos de años de historia, en lo que sería una grosera elipsis de acontecimientos, se puede decir que las taperas son el devenir de modelos productivos, económicos y políticos.
Para explicar su aparición hay que irse a los tiempos de la conquista. Cuando los exploradores se veían recompensados por el rey con grandes cantidades de tierra. Esta forma de apropiación de la tierra llevó a que para el año 1850, todo el campo argentino sean estancias ganaderas.
Sin embargo, a partir de sucesivas herencias los terratenientes se vieron obligados a aprovechar mejor sus explotaciones y se sume la agricultura. Es así que a principios de siglo XX, surgen los contratos de aparcería.
Ese sistema predominó hasta la década del ’40. Allí, el contexto político favoreció a que los aparceros logren acceder a comprar la tierra. Eso generó que cada campo, cada unidad productiva de entre 50 y 100 hectáreas, tenga un casa, donde vivía el ahora dueño de esas tierras junto con su familia. En un espacio con arboleda, frutales, huerto y cría de animales de granja.
Pasado el tiempo, las subdivisiones que genera la muerte de ese agricultor no permite, en muchos casos, que sus hijos continúen viviendo del campo. Entonces, en la década del ’70 y ’80, se produce una migración; quedando muchos caseríos abandonados.
Son esos sitios los que quedan deshabitados, porque quien produce el campo ya no vive en el lugar. Y allí, estoica, la naturaleza avanza creando lo que se conoce como «tapera».



