


La investigación dirigida por el fiscal coordinador de la Unidad de Delitos contra la Propiedad y Delitos Conexos vinculó a un hombre con dos maniobras contra mujeres de 89 y 91 años en Maggiolo y San Eduardo. Cámaras, viajes en remis y transferencias fueron claves para reconstruir los hechos.
Una llamada al teléfono fijo, una voz que simulaba ser un familiar y una supuesta urgencia para cambiar dinero. Con ese mecanismo, dos mujeres adultas mayores fueron blanco de maniobras de estafa en localidades del departamento General López. Ahora, el fiscal Iván Gastón Raposo solicitó seis años de prisión de cumplimiento efectivo para J. O. Z., acusado de intervenir en ambos episodios.
La causa estuvo a cargo de Raposo, fiscal coordinador de la Unidad de Delitos contra la Propiedad y Delitos Conexos del Ministerio Público de la Acusación de Venado Tuerto, quien dirigió la investigación y presentó la acusación por una estafa consumada y otra en grado de tentativa.
El primer hecho ocurrió el 11 de septiembre de 2025 en Maggiolo. Según la acusación, un hombre llamó reiteradamente a una mujer de 89 años, identificada como R. M. T., simulando ser su nieto. Le manifestó que necesitaba dinero para cambiar y que una persona de confianza pasaría a retirarlo.
La víctima preparó el dinero. Sin embargo, cuando el acusado se presentó en el lugar, fue atendido por un empleado del comercio contiguo y comunicado con la vivienda. Esa intervención frustró la entrega. Según las constancias reunidas, el visitante preguntó por una farmacia y se retiró rápidamente mientras hablaba por teléfono.
Al día siguiente, la maniobra se repitió en San Eduardo y se concretó el perjuicio económico. La víctima fue D. I. S., de 91 años, quien recibió llamadas de una persona que invocó un vínculo familiar y le aseguró que su hijo estaba en un banco y necesitaba cambiar dólares.
Bajo ese engaño, la mujer entregó a quien concurrió a su domicilio un bolso con aproximadamente 200.000 dólares y numerosas joyas de oro, entre ellas alianzas, anillos y pulseras. La Fiscalía atribuye al acusado haber concurrido a recibir esos bienes como parte de una actuación coordinada con quien realizaba las llamadas.
La investigación encabezada por Raposo reconstruyó los desplazamientos mediante testimonios de remiseros, cámaras de seguridad y comprobantes de transferencias. Según la acusación, en ambos días se utilizaron vehículos de la misma empresa de remises para viajar desde Venado Tuerto hasta las localidades donde se desarrollaron los engaños.
Uno de los elementos relevantes fue el seguimiento de las imágenes del primer día hasta un kiosco de Venado Tuerto, donde se registraron pagos mediante transferencias a nombre del acusado. Para el segundo episodio, se incorporó el comprobante utilizado para abonar el viaje a San Eduardo desde una cuenta de quien fuera su pareja.
Estos datos se integraron con registros de alojamiento, información telefónica y allanamientos en la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
La hipótesis fiscal describe una división de tareas: una persona sostenía el engaño por teléfono y otra se presentaba para retirar el dinero. La acusación ubica a J. O. Z. en esa segunda función.
Con la prueba reunida, Raposo solicitó que el acusado sea condenado a seis años de prisión efectiva, más las accesorias legales correspondientes. El pedido deberá ser resuelto judicialmente.
El caso muestra cómo el llamado “cuento del nieto” puede dejar rastros: viajes, imágenes y movimientos de dinero que, relacionados entre sí, permiten reconstruir la maniobra y llevar a sus presuntos responsables ante la Justicia.
