


La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó por unanimidad de la denominada «Ley Compasión», un proyecto impulsado por el legislador Emmanuel Ferrario y elaborado junto a la organización Sintientes —fundada por Liz Solari y presidida por Máximo Mazzocco—. La norma establece la incorporación obligatoria de contenidos sobre respeto y protección animal en los establecimientos de gestión estatal y privada, desde el nivel inicial hasta el superior. El avance en el distrito capitalino abre el interrogante sobre la conveniencia de proyectar iniciativas similares en el resto de las provincias del país.
Ejes centrales de la normativa porteña
El proyecto aprobado en la capital busca que los estudiantes reconozcan a los animales como seres sintientes, capaces de experimentar emociones y sensaciones. Su implementación se realizaría de forma gradual y transversal en los diseños curriculares, abordando pilares fundamentales como la prevención del maltrato, la adopción responsable y las obligaciones básicas de cuidado, entre las que se incluyen alimentación, hidratación, atención veterinaria, vacunación, desparasitación y castración.
Asimismo, la normativa contempla la enseñanza sobre la convivencia armónica en espacios públicos —como el uso de correa, la recolección de desechos y el respeto vecinal— y capacita a los alumnos para identificar situaciones de abandono, negligencia, encierro prolongado o explotación. Para garantizar su aplicación, el Ministerio de Educación porteño asumió la responsabilidad de capacitar a los docentes, elaborar materiales pedagógicos específicos y articular acciones con organizaciones de la sociedad civil y especialistas en la materia.
La aprobación de esta ley en el ámbito porteño plantea la inquietud sobre si resultaría conveniente extender una política educativa de esta índole a otras provincias. La incorporación de la empatía y la tenencia responsable en la currícula escolar representa una herramienta preventiva clave para abordar problemáticas recurrentes en los distritos del interior, tales como la superpoblación de animales en situación de calle, el abandono y los casos de maltrato. Promover la formación temprana en estos valores no solo contribuye a construir comunidades más respetuosas del entorno y la fauna urbana, sino que fortalece la convivencia social y previene la violencia desde las aulas.
